Mensaje de apertura
Card. Jozef Tomko
28/09/99


QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS,

Enviado por el Santo Padre a presidir este VI Congreso Misionero Latinoamericano - I Congreso Americano Misionero, saludo y abrazo, con afecto y en su nombre, a todos y cada uno de vosotros y a todos los miembros de las iglesias que vosotros representáis.

Saludo en particular modo y con profunda gratitud, a S.E.R. Mons. Estanislao Esteban Karlic, Arzobispo de Paraná, Presidente de la Conferencia Episcopal y del VI Congreso Misionero Latinoamericano - I Congreso Misionero Americano (VI COMLA - I CAM); y saludo, con no menos afecto, a todos y cada uno de los Miembros del Episcopado de Argentina, a los Excmos. Sres. Obispos, Directores Nacionales de las Obras Misionales Pontificias, agentes de pastoral misionera, misioneros y misioneras y miembros representantes y delegados de las iglesias locales y particulares que están en AMÉRICA y de otras naciones hermanas que están más allá del Continente.

In the name of the Holy Father I affectionately greet and embrace each and every one of you, Bishops, priests, men and women religious, and lay persons representing the particular Churches of United States, Canada and the Caribbean, who are taking part in this very promising First American Missionary Congress, not as guests but as members with full rights. Thank you for your participation and thank you above all for what you are doing so that your Churches, today more than ever, will be radically, dynamically and actively missionaries ad gentes, both ad intra and ad extra.

 Elevo con gozo mi acción de gracias al Padre por permitirnos realizar hoy aquí, unido al VI Congreso Misionero Latinoamericano, el I Congreso Misionero Americano de la historia. Confieso que mi corazón se emociona al vivir este momento, continuación y en cierto modo, fruto de los pasados COMLAs, a los cuales, en su mayoría, he tenido el privilegio y el gozo de participar. Con el Primer CAM sembramos hoy una nueva semilla que, conformemente a la inspiración que llega del Sínodo, sabrá prolongarse y desarrollarse con los futuros Congresos Misioneros Americanos.

Cómo no emocionarse, hermanos, al recordar el modo misterioso y al mismo tiempo simple a través del cual, casi sin que el hombre lo pretendiera, sirviéndose de la conjunción de diversos factores humanos, por originaria e indiscutible inspiración del Espíritu Santo quiso el Señor dar origen a los Congresos Misioneros Latinoamericanos.

Fueron factores que motivaron, en efecto, que el 7° Congreso Misionero Nacional de México celebrando del 20 al 23 de noviembre de 1977 en la ciudad de Torreón (México), se convirtiera en el primer Congreso Misionero Latinoamericano, reconocido tal, sobre todo gracias a la entusiasta presencia del Enviado Especial del Santo Padre, nuestro querido y recordado Cardenal Agnelo Rossi, mi predecesor en la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, como también, a la participación de los Presidentes de Comisiones Episcopales de Misiones y de los Directores Nacionales de las Obras Misionales Pontificias de diversos Países latinoamericanos. Significativo y casi profético era su lema: "Salvación universal, compromiso de México".

La adopción de la ya famosa sigla: «COMLA», se debe al Segundo Congreso Misionero Latinoamericano celebrado también en México, en la ciudad de Tlaxcala, del 17 al 22 de mayo de 1983, cuyo significativo lema proclamaba: "Con María, misioneros de Cristo ".

El COMLA 3, celebrado en Bogotá (Colombia), del 5 al 8 de julio de 1987, en la perspectiva del lema: "América, llegó tu hora de ser evangelizadora", aportó crecientes luces a las Iglesias del continente y dio nuevo y entusiasmante aliento para lanzarse hacia la misión ad gentes. Un programa y un propósito asumido, continuado y animado por el COMLA 4 celebrado del 3 al 8 de febrero de 1991 en la ciudad de Lima (Perú), bajo el lema: "América Latina, desde tu fe, envía misioneros".

El COMLA V, en fin, celebrado en Belo Horizonte (Brasil), impulsado por el lema: "Vinde, vede e anunciai!", ha logrado dar mayor impulso al compromiso misionero específicamente ad gentes, tanto ad intra cuanto ad extra, de muchas de las iglesias en América Latina.

Así, alentados y sostenidos por la Santa Sede, organizados conjunta y responsablemente por las Direcciones Nacionales de las Obras Misionales Pontificias y por las Comisiones Episcopales de Misiones en América Latina y del Caribe, bajo la dirección y coordinación de la Conferencia Episcopal anfitriona, los COMLAs, se han manifestado como momentos de gracia y como eventos de fundamental papel protagónico en el despertar y crecimiento de la conciencia y del espíritu misionero de las Iglesias del continente de la esperanza (Cfr. DSD 125).

 

 

1. EN EL CONTEXTO DEL GRAN JUBILEO MISIONERO

Y ahora, estando por abrir las puertas del Tercer Milenio, la Iglesia que está en América se dispone a celebrar, en el contexto por demás providencial del Gran Jubileo de la Salvación del Año 2000, su PRIMER CONGRESO MISIONERO AMERICANO; acontecimiento que se injerta en la conmemoración del Evento, único e irrepetible, de la Encarnación del Hijo de Dios, del Enviado de Dios al mundo, y, por lo mismo, en la conmemoración del nacimiento de la «Misión» en el mundo: «Cuando llegó la plenitud de los tiempos Dios mandó ("misit") a su Hijo, nacido de mujer» (Gál 4,4), por obra del Espíritu Santo.

"Mandó a su Hijo", pues, "tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna" (Jn 3, 16).

Amor de Dios que se dilata en la misión que el Padre confía al Hijo y que el Hijo realiza en la tierra con el poder del Espíritu. Misión que, idéntica y siempre como obra suya ha sido y es a su vez confiada a su Iglesia para que sea realizada, no de manera autónoma y ni siquiera con solo las propias fuerzas, sino como obra divino-humana a la cual Jesucristo, muerto y resucitado ha prometido y asegurado su asistencia: «Yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos» (Mt 28,20).

"Como el Padre me envió («misit») también yo os envío («mitto»)" (Jn 20,21). El «ser» misionero de la Iglesia, Sacramento Universal de Salvación en Cristo (LG 54.48; EN 15), no es para ella un aspecto periférico o decorativo; es la característica que determina su rostro, el factor constitutivo de su misma naturaleza (cfr EN 5.62). Misionera por naturaleza, para ser en todo tiempo, pues lo es, Sacramento universal de salvación.

La providencial realización de nuestro Congreso en el contexto de la celebración del Jubileo de la Salvación-Jubileo de la Misión, interroga y compromete a todos los creyentes en Cristo que habitan en el Continente, pues "toda la Iglesia y cada Iglesia es enviada a las gentes" (RM 62); todas las comunidades cristianas y cada uno de sus miembros están llamados a ser "testimonios... hasta los últimos confines de la tierra" (Act 1,18): «ad gentes».

 

2. MISIÓN "AD GENTES"

Dear Brothers and Sisters: In addressing your churches, the Holy Father stated precisely that "The evangelization of America is not only a gift from the Lord; it is also a source of new responsibilities. ... the words of the Apostle echo in their hearts: If I preach the Gospel, I have no reason to boast. It is my duty: woe to me if I do not preach the Gospel! (I Cor 9:16). This duty is founded on the Risen Lord's command to the Apostles before he ascended into heaven: Preach the Gospel to all creation (Mk 16:15). This command applies to the whole Church; and, in this moment of her history, the Church in America is called to take it up and respond with loving generosity to the fundamental task of evangelization." (Ecclesia in America, 1).

El mandato de Cristo "alcanza al corazón mismo de la Iglesia... enviada a las gentes" (RM 62), que hace de la actividad misionera "ad gentes" la "responsabilidad más específicamente misionera que Jesús ha confiado y diariamente vuelve a confiar" (ChL 35; RM 34) a la Iglesia universal y, en ella, a toda iglesia particular (cfr RM 49).

La "actividad primaria", "esencial y nunca concluida", –afirma la Redemptoris Missio –,es la actividad misionera "ad gentes", – «ad intra» y «ad extra» - (Cfr. RM 31; cfr 35), pues ella se dirige "a cuantos – y son millones de hombres y mujeres – no conocen todavía a Cristo Redentor del hombre" (RM 31), a los grupos humanos, a los pueblos, a los "areópagos modernos" y a los ambientes territoriales "no cristianos, debido a la ausencia o insuficiencia del anuncio evangélico y de la presencia eclesial" (RM 34).

 

 

3 . EL MUNDO Y LA MISIÓN

Por ello, considerar y reflexionar, pero sobre todo, aceptar y hacer aceptar este deber y compromiso misionero, es la tarea que se encomienda a este nuestro VI Congreso Misionero Latinoamericano - I Congreso Misionero Americano. El Santo Padre, la Iglesia y el mundo esperan mucho de nuestro Congreso y de toda la Iglesia que está en América; Iglesia que sabe perfectamente bien que «la misión atañe a todos los cristianos, a todas las diócesis y parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales" (RM 2), pero que al mismo tiempo, "la misión de Cristo Redentor confiada a la Iglesia está aún lejos de cumplirse» (RM 1).

En el año 2000 la población de nuestro planeta alcanzará los 6.000 millones de personas. Actualmente los católicos son 1.000 millones; los cristianos juntos constituyen casi una tercera parte de la humanidad, mientras que más de dos tercios no conocen todavía a Jesucristo ni su mensaje y estas poblaciones aumentan a un ritmo mayor de los cristianos.

* La actividad misionera en Africa va adelante. En 1900 los católicos eran 2 millones, hoy son 110 millones, es decir, casi el 15 % de la entera población africana. Es una Iglesia dinámica, plena de potencialidad, no obstante sus luces y sombras. Hoy goza de una cierta libertad de acción, excepto en algunas zonas de estricta observancia musulmana (p.e., Libia, Sudán, Somalia), y no faltan algunos factores que sugieren y piden particular vigilancia (p.e. en Ruanda, República Democrática del Congo-ex Zaire, Malawi, Sierra León, Angola...).

Pero, por otra parte, se contempla un progresivo aumento en la toma de conciencia misionera de los africanos. Sus Institutos locales exclusivamente misioneros ( "Society of St. Paul", "Apostles of Jesus" y numerosas Congregaciones femeninas) son prueba de ello; y se están ya desarrollando centros o polos de acción evangelizadora en varias naciones: Burkina Faso, Nigeria (Onitsha-Owerri), Uganda, Tanzania, Mauritius.

* Asia ha sido señalada por el Santo Padre como el "continente hacia el cual debería orientarse principalmente la misión ad gentes" (IZM 37 y 40). Y no debe ser diversamente. De hecho, en Asia vive el 60 % de la humanidad y el 85 % de los no-cristianos. Tan solo el 2,7 % de sus habitantes son católicos (122 millones, de los cuales 50 viven en Filipinas, 15 en India y 7 en Vietnam); y en varios países los católicos son apenas el 0,5 % o menos (Pakistán, Tailandia, Bangladesh, Japón). Los desafíos de la misión son, pues, inmensos y de variado tipo: políticos e ideológicos (China, Vietnam), culturales y religiosos (las grandes religiones antiguas), económicos y sociales. China con sus 1.200 millones de habitantes y tan solo 10 millones de católicos, representa un capítulo a parte.

* Oceanía, este inmenso "continente líquido" tiene más de ocho millones de católicos sobre un total de 29 millones de habitantes. Ahí, la evangelización encuentra no pocos problemas. Es una Iglesia que, como sabéis, está siendo fuertemente probada por el dolor.

* En Europa, existen 12 diócesis sujetas a «Propaganda Fide»; se difunde la descristianización y, por otra parte, los grupos de inmigrantes islámicos, hinduístas y budistas están notablemente aumentando: ¡La misión ad gentes está llamando ad intra, a las puertas del viejo Continente!

* ¿Y qué decir de la Iglesia en América, que evangelizada desde hace más de 500 años aún cuenta con notables grupos humanos que esperan ser evangelizados integralmente, pero que al mismo tiempo alberga en sí, en su conjunto más de la mitad del total de todos los católicos del mundo? Esta Iglesia, ciertamente viva, ¿qué porcentaje de misioneros destina hoy a la actividad primaria de la iglesia, a la misión ad gentes? ¿Cuánto le falta para, como consecuencia lógica y coherente, dedicar a tan irrenunciable tarea más de la mitad de los misioneros que la misión está exigiendo?

He aquí el reto basilar que se le presenta hoy a la Iglesia en América.

In the Church in the United States and in Canada -which in the history of the missions has carried out a role of great importance- missionary animation, especially that which is carried out by the Pontifical Mission Societies and the relative material cooperation in favour of the missions, has been, and continues to be praiseworthy. Nonetheless, its missionary sensitivity is tending to decrease, and of particular concern is the progressive and constant decrease in missionary vocations. Moreover, in your nations, there are vast human groups that must be evangelized (I am thinking, for example, and in particular, of the whole North of Canada). At the same time, however, as in Europe, the groups of Islamic, Hindu and Buddhist immigrants are continuously on the increase. The mission ad gentes is also insistently calling upon your churches ad intra!

Por su parte, la Iglesia en América Latina y el Caribe aparece cada vez más como Iglesia poseedora de un creciente potencial misionero «ad gentes; un potencial que en circunstancias diversas se ha mantenido adormecido en su idea, errónea, de ser, sí, misionera, pero pasivamente. Sin embargo, gracias al proceso vivido en los últimos decenios, América Latina va tomando conciencia de su vocación a ser, no pasiva, sino activamente misionera. Pero esta conciencia debe crecer y producir mayores frutos en favor de la misión "ad gentes". El potencial está ahí, en su número, pero también y sobre todo, en los profundos y maravillosos valores de fe y de humanidad; en el fuego, dinamismo, entusiasmo y optimismo, que caracterizan a sus gentes y que han sabido y quieren trasmitir a toda la Iglesia universal, en primer lugar a sus iglesias hermanas del norte.

 

 

4. AMÉRICA Y LA MISION "AD GENTES"

Es innegable que de frente a las exigencias que el Mandato del Señor comporta hoy, no pocas iglesias particulares del continente han asumido compromisos directos en la actividad misionera, enviando sus propios sacerdotes, religiosos y laicos a zonas y regiones por evangelizar. Sin embargo, –como con razón han relevado los Obispos Latinoamericanos en Santo Domingo (cfr CSD 125-128)–, "la conciencia misionera Ad Gentes es aún insuficiente y débil". Hay lagunas y límites: la actividad misionera sigue siendo delegada solo a algunas categorías eclesiales, (sobre todo en los religiosos y religiosas); sigue siendo fuerte y sintomática la resistencia de muchas iglesias particulares por liberarse de la crónica y casi exclusiva contemplación de las reales o aparentes necesidades y problemáticas existentes al interno de su propia iglesia local y/o particular; análoga resistencia se sigue mostrando a la tantas veces repetida propuesta de instituir un programa explícito de formación misionera para los seminaristas y para los aspirantes a la vida religiosa, etc.

Amados hermanos: ¿Es o no es verdad, como afirma la Redemptoris Missio (2), que "en la historia de la Iglesia, este impulso misionero ha sido siempre signo de vitalidad ", y "la fe se fortalece dándola"? Y si es, como lo es, verdad, ¿por qué no convencerse entonces de que toda la estrategia pastoral corriente y las actividades de la evangelización renovada, deben basarse en un principio fundamental: informar, formar, tomar conciencia y compartir, con un renovado compromiso misionero, la fe a los no-cristianos? Sí, hermanos, "la misión renueva la Iglesia refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones" (RM 2).

 

 

5. EL COMPROMISO "AD GENTES" DESDE AMÉRICA, PARA EL TERCER MILENIO

El lema de nuestro Congreso proclama: «América, con Cristo, sal de tu tierra». Y, en efecto, las Iglesias en América deben ser mutuamente "sal" en favor de la solidaridad y de la comunión, pero para la Misión. Este es el impostergable momento misionero de América. Momento de "salir" y ser Iglesias particulares activamente misioneras "ad gentes. Para América, la misión debe constituir hoy el respiro continuo, rítmico, irrefrenable de su vida.

Y, entonces, es absolutamente indispensable que cada Iglesia particular se ponga en marcha para discernir, programar y actuar "iniciativas concretas, incluso a nivel internacional, que lleven a la práctica, con gran dinamismo y creatividad" el programa que el mismo Santo Padre les propone, esto es:

fomentar una mayor cooperación entre las Iglesias hermanas;

enviar misioneros (sacerdotes, consagrados y fieles laicos) dentro y fuera del Continente;

fortalecer o crear (si fuere necesario) Institutos misionales;

favorecer la dimensión misionera de la vida consagrada y contemplativa

dar un mayor impulso a la animación, formación y organización misional («Ecclesia in America», 74).

Y todo ello teniendo un objetivo concreto y específico, esto es, la evangelización «ad gentes» en su doble dimensión: «ad intra» y «ad extra»:

a) «ad intra»: hacia los numerosos territorios "misioneros" del sur, centro y norte del Continente, que aún están bajo la jurisdicción de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Pero, por otra parte, en modo prioritario urge lanzar la mirada y la acción evangelizadora del "primer anuncio" hacia "aquéllos que viviendo en este Continente aún no conocen el nombre de Jesús, .. . Baste pensar a las etnias indígenas aún no cristianizadas o en la presencia de religiones no cristianas, como el Islam, el Budismo o el Hinduismo, sobre todo en los inmigrantes provenientes de Asia" (Ibidem; Cfr. 64.65.73, etc.).

b) «ad intra» , pero también «ad extra», porque "las Iglesias particulares de América están llamadas a extender su impulso evangelizador más allá de sus fronteras continentales. No pueden guardar para sí las inmensas riquezas de su patrimonio cristiano. Han de llevarlo al mundo entero y comunicarlo a aquéllos que todavía lo desconocen. Se trata de muchos millones de hombres y mujeres que, sin la fe, padecen la más grave de las pobrezas" (Ecclesia in America 74).

Queridos hermanos: Este es el preciso programa que el Papa pone en el corazón de cada una de vuestras Iglesias particulares, en primer lugar en las manos del VI Congreso Misionero Latinoamericano - I Congreso Americano Misionero. Si sois coherentes, como lo sois, a su realización dedicaréis vuestros mejores y prioritarios esfuerzos. En este contexto os recuerdo, bien que parezca superfluo, que las Iglesias locales y particulares encontrarán una espléndida, necesaria y eficaz colaboración en las Obras Misionales Pontificias, instrumentos misioneros que, "por ser del Papa y del Colegio Episcopal, incluso en el ámbito de las Iglesias particulares, 'deben ocupar con todo derecho el primer lugar" (RM 84; Cfr. Estatutos OO.MM.PP., I.2; Cooperatio Missionalis 2).

¡Ánimo, pues, hermanos! Lo digo en primer lugar a los Pastores que, en cuanto sucesores de los apóstoles, han sido y son enviados, es decir, consagrados para anunciar a todas las gentes, y no solamente a la propia diócesis. El haber sido puestos al frente de una porción de la Iglesia, no exime a ninguno del derecho–deber que sobrepasa las fronteras de la iglesia particular, desde la cual y en la cual debe vivirse, en manera nítida, decisiva y por demás eficaz, la dimensión misionera connatural a la naturaleza del Pastor y de la misma Iglesia.

A la luz de este derecho–deber irrenunciable, "abriéndose a la universalidad de la Iglesia" (RM 86), es necesario que los Pastores se decidan a enclavar pronta y definitivamente "como elemento primordial de su pastoral ordinaria en las parroquias, asociaciones y grupos, especialmente juveniles" la ANIMACIÓN MISIONERA (Cfr. RM 83), que constituye "el elemento primordial [...], el capítulo obligado y más importante de toda la pastoral de la Iglesia" (cfr RM 2).

Animación que, como afirma la Redemptoris Missio, comprende fundamentalmente cuatro etapas ligadas entre sí: a) "Informar y formar al Pueblo de Dios; b) para la misión universal de la Iglesia; c) promover vocaciones ad gentes; d) suscitar cooperación para la evangelización " (RM 83).

* Informar en forma amplia y verídica a los cristianos sobre la realidad y estado de la misión, para que "sintiendo como propia la actividad misionera, abran el corazón a las inmensas y profundas necesidades de los hombres" (AG 36).

* Formar a todos los miembros del Pueblo de Dios: Pastores, sacerdotes, consagrados, laicos, para crear y acrecentar en ellos el espíritu, la apertura, la sensibilidad, el amor, las convicciones y, finalmente, el deseo de donarse a la misión "ad gentes" ("ad intra» y «ad extra»).

* Formación misionera de todos los fieles sin excepción, en particular de las familias, lugar primario de la iniciación y de la transmisión de la fe y del surgir de las vocaciones.

* Formación misionera sólida y permanente de quienes se preparan al sacerdocio o a la vida religiosa. A este propósito no puedo no renovar ardientemente la invitación que ya tantos Sumos Pontífices hicieron en el pasado y que, interpelando a los Pastores de las Iglesias particulares del Continente, yo mismo he, en tantas y diversas circunstancias, renovado. Esto es, la invitación a introducir en el curriculum de estudios de todos vuestros seminarios y las casas de formación, el curso obligatorio y específico de misionología. ¡Ánimo! ¡Os aseguro que las primeros que serán beneficiadas de ello, serán vuestras propias iglesias particulares!

* Formación misionera que en el ámbito de la formación permanente, debe proporcionarse también a los sacerdotes diocesanos, religiosos y religiosas, de vida activa o contemplativa, y a todos los demás agentes de la Evangelización, pues todos ellos están llamados, por vocación, a ser promotores del espíritu misionero y a ser ellos mismos misioneros. En este contexto sería conveniente que los Pastores destinaran a algunos a cursar estudios de especialización misionera y misionológica, en los centros e Institutos que ya existen en algunos de vuestros países. Vuestras Iglesias y las misiones ganarán mucho con ello.

Hay que recordar, sin embargo, que como la Redemptoris Missio ha puntualizado, la animación Misionera no solamente tiene un para, es decir, una meta inmediata (informar y formar), sino que tiene también, y le es esencial, un objetivo primario por alcanzar: disponer y conducir el cuerpo eclesial a la Cooperación Misionera, es decir, debe hacer que toda iglesia particular y todos sus miembros, sean no sólo de título y derecho, sino también de hecho, misioneros «ad gentes».

He aquí el por qué decir COOPERACIÓN MISIONERA, quiere decir no solo comunión, sino también y sobre todo, donación en el significado más preciso y exigente del término. La cooperación debe producir tangibles y cotidianos signos "de la madurez de la fe y de una vida cristiana que produce frutos" (RM 77), y entonces: testimonio coherente, personal y comunitario, de vida cristiana; oración confiada y constante; aceptación y ofrecimiento, unido a la Pasión de Cristo, de las pruebas, del dolor y de los sacrificios de la vida (Cfr CSD 128); generosa condivisión de los propios bienes materiales en favor de la actividad misionera.

Pero no basta. El mandato del Señor es, sobre todo, un "id", y la Iglesia tiene el deber de expresar y garantizar concretamente la actividad misionera a través del enviado, pues, "no se da testimonio sin testigos; no existe misión sin misioneros" (RM 61).

Missionaries!, more missionaries! Missionary animation must dedicate its best energies to their promotion: vocations for the mission "within the continent and abroad" (Ecclesia in America, 74). ~~

¡Misioneros, misioneras y más misioneros! A su promoción, la animación misionera debe dedicar sus mejores energías. Las vocaciones misioneras son el fruto prioritario de la animación (cfr RM 79.64.83.85). Son ellas las que darán razón de la validez y eficacia de la misma animación: Vocaciones, para la misión . ~. ~' "dentro y fuera del Continente" (cfr. Ecclesia in America 74); vocaciones en primer lugar y sobre todo, misioneras "de por vida ", pues ellas son "el corazón de la cooperación" (RM 79; cfr 64.83.85); A su promoción, insisto, hay que dedicar los mejores, prioritarios y más intensos esfuerzos.

Y no sólo, la cooperación misionera de los Institutos religiosos, masculinos y femeninos, de vida activa o contemplativa, con o sin carisma específicamente "ad gentes", ha sido y sigue siendo válida y necesaria (cfr RM 66; CIC, can. 873) y por ello hay que motivarla y alentarla con perseverancia.

Y no menor empeño es indispensable consagrarse a la promoción de aquella otra forma de cooperación indispensable, esperanzadora y a todos, no obstante su pobreza en personal, posible: la de los sacerdotes diocesanos "Fidei donum" (cfr RM 68). Forma de cooperación misionera entusiasmante que tiene su fundamento doctrinal en la naturaleza misma del Sacramento del Orden; pues, "el don espiritual que los presbíteros recibieron en la ordenación no los prepara a una misión limitada y restringida, sino a la misión universal y amplísima de salvación «hasta los confines de la tierra» ". (RM 67; Cfr. Presbyterorum Ordinis 10; Pastores dabo vobis 14; Vita consacrata 72).

Y, ¿qué decir de la imponente fuerza misionera que puede constituir el laicado misionero? A su papel y tarea, la Encíclica Redemptoris Missio siguiendo el Vaticano II (cfr AG 35-36; 41) y la Exhortación Apostólica Christifideles laici (cfr n. 35) dedica densas páginas (cfr RM 71 ss). "Todos los laicos - afirma -, son misioneros en virtud del bautismo". La necesidad de que todos compartan la responsabilidad misionera ad gentes, no es solo cuestión de eficacia apostólica, sino un deber–derecho fundado en su dignidad de bautizados. Deber–derecho que los vincula aún más a aquellas situaciones en las cuales los hombres no pueden escuchar el Evangelio y conocer a Cristo sino por su medio (cfr CIC can. 225, 1).

¡Cuántos misioneros laicos he encontrado durante mis viajes por tierras de misión!: maestros, catequistas, enfermeros, médicos, técnicos, agrónomos, constructores, etc., todos con un concreto propósito: anunciar, con el testimonio de su vida y con la palabra, el Evangelio de Jesucristo a sus hermanos los hombres.

Cierto, la gran parte de los fieles no puede ir a las misiones. pero ello no constituye un obstáculo insuperable para ser verdadera y válidamente misionero. De suyo, antes de hacer, hay que ser cristianos misioneros. Ser y vivir coherentemente como verdaderos cristianos. Creer en y a Jesucristo, vivir con El. Así se podrá ser ya, en cualquier circunstancia, verdaderamente testigo de Cristo. El hacer, si se es cristiano, se irá espontáneamente manifestando en el apostolado y en la cooperación misionera: oración, sacrificio, testimonio, anuncio, trabajo, cooperación financiera y hasta personal. Todo para que Jesús sea cuanto antes conocido v amado por todos los hombres.

 

CONCLUSIÓN

¡El reto, el programa, la tarea que Cristo y la Iglesia Universal os encomiendan realizar al iniciar el nuevo Milenio, está aquí!. ¡Abrid, pues las puertas de vuestras mentes, de vuestros corazones, de vuestras Iglesias particulares a la «comunión» para la «misión ad gentes». Como el mismo Santo Padre os advierte, "sería erróneo no favorecer una actividad evangelizadora fuera del Continente con el pretexto de que todavía queda mucho por hacer en América o en la espera de llegar antes a una situación, en el fondo utópica, de plena realización de la Iglesia en América" (n.74). ¡Toma conciencia, Iglesia en América, de que solo creciendo en espíritu y donación misionera, podrás enriquecerte! (Cfr. RM 49).

Los horizontes y las exigencias de la misión son inmensas y la tarea, por lo mismo, no lo es menos: ¡Vuestra responsabilidad ante Cristo y ante el mundo es, pues, grande!: "ningún creyente en Cristo, ninguna institución de 1a Iglesia puede substraerse a este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos" (IZM 3).

Sí, hermanos y hermanas. Al iniciar el Tercer Milenio en el contexto extraordinario del Gran Jubileo de la Salvación, del aniversario de la misión, Jesucristo debe encontrar a las Iglesias particulares de toda América comprometidas decidida, dinámica y activamente con la misión ad gentes: «ad intra» y «ad extra».

Quiera el Padre por intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, Madre y Evangelizadora de América ("Ecclesia in America», 11), que la respuesta positiva y la decidida colaboración de todos y cada uno de los creyentes en Cristo que viven en América, logre realizar el deseo misionero del Santo Padre, –que no es sino el deseo de Jesucristo mismo– : contemplar los inmensos campos de la misión, cubiertos de celantes y generosos misioneros hijos de la Iglesia que está en América.

The slogan of our Congress proclaims, "América, con Cristo, sal de tu tierra", "America, with Christ, the salt/going out of your earth ". The Churches of North America must be in fact "salt" for one another in favour of solidarity and communion, but for the Mission. This is America's missionary moment: a moment of "going out" as particular Churches that are actively involved II m the mission ad gentes.

¡Adelante, pues, sin dudas ni temores! ¡América misionera, con Cristo, sal de tu tierra! ¡Álzate, camina y ve siempre adelante! ¡América, misionera para siempre!